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Herodianos


Herodianos

Los seguidores de aquel famoso matador de inocentes tienen una táctica universal para imponer la muerte de los pibes no nacidos como un derecho de la mujer a su propio cuerpo. Por eso será útil revisar su modo de actuar en los Estados Unidos para llegar a la consagración del asesinato prenatal. Y nada mejor que acudir a uno de ellos, llamado “el Rey del aborto”, que confesó haber matado 75.000, entre los cuales su propio hijo.
Uno de los recursos adoptados consistía en escaparle como a la peste a considerar cuándo empieza la vida. Otro, hacer de su discurso un cementerio imaginario de madres muertas.  El otro, fabricar un enemigo odioso, conservador, derechista, prepotente y homofóbico.
Como los abortistas criollos con absolutamente copiones, recitan el mismo libreto que nos confesó Nathanson.
¿A quién habrá que consultar cuándo empieza la vida? ¿Al omniopinador Lanata o al fundador de la genética moderna? Pues ellos siguen al periodista para todos, que tiene su opinión. O al ascendente periodista que dijo que estas son “construcciones mentales”. Los quiero ver hablando de cualquier tema que no se refiera a la religión del abortismo: entonces por coherencia deberán decir que las retenciones a la soja, el problema de la inseguridad, los préstamos usurarios, las tarifas eléctricas, de gas, de luz, de todo, serán “construcciones mentales”.
Pero, en todo caso, si no le dan crédito a la Academia de Medicina, si no tienen en cuenta la seriedad de Jèrome Lejeune, si no le llevan el apunte a la Constitución y a los pactos que airean sólo cuando le conviene a su religión, adopten el principio de que en la duda pensemos que hay vida. Si no harán como aquél que en una conferencia vio que un viejo quedó desmayado. No sabía si llamar a primeros auxilios o a la cochería y, ¿qué hizo el muy herodiano? Pues por las dudas lo enterramos.
No puede ser. En caso de duda pensemos que en la panza de la mujer hay un hijo de la mujer de la misma especie de la mujer y desde el principio del embarazo.
Ya esto de exagerar las cifras se ha convertido en un deporte y desde el frenazo que les pegó Mónica del Río quedaron chamuscados. ¿Cómo van a morir a centenares si el ministro herodiano de salud que propicia la muerte dijo que en 2016 fueron menos de 31? ¿Cómo va a haber 500.000 asesinatos prenatales si al año nacen 700.000 argentinos? Es por esas exageraciones que producen en todas partes que, cuando logran el aborto libre en otros países más atrasados moralmente que nosotros, al siguiente año aparece un descenso de su cifra. Porque siempre es menor al numerito que inventaron para “legalizarlo” sin argumentos, por pura sensiblería. Y lo digo con comillas porque la muerte de un inocente no es un asunto cuantitativo. Mueran dos, mueran cien madres por abortos intencionales no se puede matar a un inocente. Los derechos humanos son para todos.
En cuanto a encontrar un enemigo, y demonizarlo e inventarle fechorías para desprestigiarlo y atribuirle todos los males sin mezcla alguna de bien, tiene que ser la institución que más y mejor se opone al aborto. Pero como el sinónimo de oposición al aborto es la palabra y la realidad de “católico”, es necesario pasar por bendecida de la Iglesia la propuesta herodiana. Entonces el enemigo es “la jerarquía de la Iglesia”, para tratar de meter una cuña en el campo vencedor. De ese modo, las dolarizadas abortistas se presentan también como “católicas por el derecho a decidir”. Pero, como todo odio antirreligioso encierra una cierta concepción absoluta y altamente dogmática, el herodianismo es una religión también, mejor un simulacro de religión. Que no oye a la ciencia ni a la lógica ni a la prudencia legislativa. Es la religión de Hobbes en el estado de naturaleza: el derecho es el poder, la libertad, llega hasta donde puedo mientras no me frenen. La mujer tiene derecho a matar al chico igual que a sacarse una verruga.
Pero en cuanto logran conseguir una ley a favor, los herodianos son hobessianos con contrato social: el poder del monarca es absoluto. El que no es de la nueva religión, de la que tan bien habló el Padre Sanahuja atacando a las Naciones Unidas, la OEA, el Banco Mundial, Kissinger, Rockefeller y sus obedientes nativos de izquierda, no merece existir. Y el monarca asume todos los poderes, el religioso y el civil.
 En nombre de no imponer ninguna ley, en nombre de la libertad de matar, imponen la ley de matar.
“Herodes se enfureció y mandó matar” (Mateo, 5, 16).

Héctor H. Hernández
Defensor Federal jubilado
Profesor de Filosofía del Derecho